Estilista por Vocación

Por Silvia Cabrera de Jiménez

Desde el momento que un cliente cruza la puerta de nuestra estética, los estilistas tenemos el don de percibir lo que el cliente desea,  nos encanta escuchar las ideas que trae en mente llevarlas a la practica y sentirnos satisfechos de servir y agradar a otras personas, trabajar con gusto, paciencia, dedicación, y poder realizar un trabajo profesional rodeado de detalles y elaborado justo al gusto del cliente por muy difícil y complicado que sea eso es tener vocación y amor a nuestro trabajo.

 

Ser estilista además de ser una opción de trabajo debe ser nuestra vocación, mucho seguimos esta profesión porque queremos aprender un oficio, o porque es una buena opción de trabajo (siempre hay  quien quiere cambiar de look) o porque le parece  divertido y además ganará dinero, pero… y ¿LA VOCACIÓN? Donde queda esa emoción y satisfacción de agradar a otras personas, ese interés de capacitarnos para dar lo mejor a nuestros clientes, satisfacer nuevos gustos y aconsejarles que va con su estilo de vida, edad, color de piel, facciones etc. Para realzar su belleza natural.

 

– Un estilista que ama su trabajo se capacita para mejorar y dar nuevas opciones a sus clientes, usa su imaginación, cambia constantemente, aprende, crea, practica y se divierte.

– Un estilista que ama su trabajo es discreto, amable y sincero con sus clientes orientándoles en el nuevo look que va a realizarles, lo pro y contras que este conlleva.

– Un estilista que ama su trabajo establece empatía con sus clientes.

– Un estilista que ama su trabajo debe ser honesto trabajar con dedicación, con buenos productos para cuidar la salud de sus clientes y la propia así como cobrar lo justo.

– Un buen estilista debe conservar registros de su trabajo, como prueba de su potencial artístico  y de sus habilidades, publicitarse con sus propios trabajos, las fotos también nos ayudan a ver nuestros progresos después de cada capacitación.

 

Muchas veces nuestros clientes llegan estresados, por la rutina diaria, una ruptura amorosa, un duelo, etc.  sea lo que lleve a ese cliente a nuestra estética, es de un buen estilista ser en ese momento su apoyo una especie de psicólogo, quien escucha, quien los entiende, los atiende con eficiencia y sobre todo con discreción, en ese momento no solo somos su estilista si no también su amigo, su confidente, la persona que con su trabajo paciencia y creatividad elevara su autoestima y los relajara para sentirse bien y olvidar un poco aquello que los atormenta. Como estilistas somos los encargados de hacer sentir bien al cliente mientras se atiende o espera su turno,  esto implica cero chismes, criticas desagradables o palabras no gratas como estilistas somos buenos observadores de la expresión facial y corporal de nuestros clientes, esto nos hará saber si esta quedando satisfecho con el trabajo que le estamos realizando, siempre debemos tomar en cuenta las opiniones y sugerencias del cliente, sin olvidar que cada cliente recorre un camino diferente en esta vida y por lo tanto cada gusto es diferente.

 

Pero nuestra labor no termina aquí se les debe de orientar como mantener ese look en casa, proporcionándoles las herramientas necesarias para que lo logre y siempre se vea como recién salido del salón, tomando en cuenta que esto hablara bien de nuestro trabajo que el cliente quede satisfecho con deseos de volver, no olvidemos que los clientes son  nuestra carta de recomendación.

 

Ahora dime, ¿eres estilista por vocación?

Silvia Cabrera de Jiménez

 
  • 26 años trabajando como estilista en salón de su propiedad, Reflejos Salón.
  • Capacitadora en administración y marketing para salones de belleza.
  • Maestra de Educación Primaria.
  • Técnico en Trabajo Social.
  • Licenciatura en psicología Clínica.
  • Pensum cerrado de maestría en Salud Mental.
  • Diplomado en Educación Especial y Educación Inclusiva.
  • Estilista profesional.
  • Técnica en uñas y manicurista.
  • Capacitaciones constantes de estética.
Jalapa - Guatemala